Paseo con la negra flor

mércores 25 xuño 2014

Hay canciones que son auténticos poemas. Su métrica ajustada, sus rimas logradas y un ritmo adecuado son, además, capaces de reflejar una bella historia. Sin embargo hay otras que no pueden presumir de todas esas cualidades, pero de su letra subyace un sentimiento capaz de elevarse por encima de la propia historia que cuenta.

Como ejemplo podría citar este tema, cuyo intérprete es el ya extinguido grupo de nombre Radio Futura, que se titula “Paseo con la negra flor”.

La historia nos descubre el amor que siente un adolescente por una joven, ubicado en cualquier tarde de verano, en Barcelona. Si bien, lo que me impacta profundamente, es la forma en la que es relatada por el autor, con un enfoque sentimental maravilloso.

Al final de la Rambla, nuestro protagonista adolescente se encuentra con la Negra Flor. El propio nombre de la joven tiene más connotaciones de las aparentes. Indudablemente que lo de “flor” le viene de hermosa, “negra”, o morena, tal vez sea su piel. Pero de lo expresado en un verso más adelante, entendería que pueda referirse a algo impuro. Las flores negras despiertan un cierto recelo, un prudente distanciamiento, al contrario que el resto de las flores.

Pero dicho encuentro no es casual. El adolescente ha estado buscando a la joven, preguntado por ella, y definitivamente, acaba encontrándola en la playa. Sus ojos la divisan a lo lejos. Pero es su corazón quien descubre (o imagina descubrir) la pena que arrastra. Sus sentimientos, terminan por convertir una expresión de disgusto de la chica en una pena. Esa supuesta pena arrastra una lágrima por su mejilla. Y, “como dijo Peret”, en la arena cayó (En la canción de Peret, al negarle un beso a la chica, ésta se puso a llorar. La lágrima cayó en la orilla y una ola atrevida hacia el mar la llevó. Y ahora él quisiera encontrarla, ponerla en sus labios y poderla besar) Ése es el beso que él quisiera darle cuando se la encuentra.

Y ese amor de un solo bando despierta una actitud valiente de protección hacia su amada: “¿quién te ha hecho mal?” Nuevamente el autor nos muestra los sentimientos del protagonista, aun cuando la situación que está describiendo es otra diferente.

Y aparece la primera intervención de la Negra Flor. “Mira chaval” es una expresión de distanciamiento, de superioridad, incluso de menosprecio. Y marca la línea de separación con respecto a nuestro protagonista. “Porque yo hago lo que quiero / y me gano mi dinero / y si quieres yo te quiero / pero págame primero” Aquella impureza a la que antes hacía referencia, el amor prohibido que arde en el interior, desafiante, ciego. El dinero en contraposición, mezquino, sucio, insensible.

Y de repente todo el camino avanzado se torna nuevamente en comienzo. Un nuevo juego, unas cartas extrañas, termina la partida (sentimientos derrotados) y toca pagar. Así que no le queda otra que prometer dinero, aguardando que esa sea la llave que consiga abrir las puertas de su corazón. Aunque es consciente de que “por mucho que te dé siempre hace falta más”.

Y “si la bolsa sona” todo resulta maravilloso para la Negra Flor: se pone guapa, pasea por Barcelona, escucha música y pide más. Y quiere convertirse en “señora”, con piso y con chalet con piscina y salón de té.

Desgraciadamente ese es el camino y él está dispuesto a dar más. Y entonces su imaginación vuela. Y esa “señora” ahora es su señora. “¿Con esa mala leche un salón de té?” Y llegan los reproches, las disconformidades. Y todos los bienes materiales ansiados, todos los vicios a los que antes había accedido, se convierten ahora en despilfarro que no está dispuesto a tolerar a su señora (“que si tú no rompes algo no sabes qué hacer”)

Los sentimientos no le caben dentro. Es incapaz de dominarlos. Suben y bajan al igual que una montaña rusa. Y habla y habla en un total descontrol, sin medir sus palabras, porque él no es más que una pequeña parte dentro de un todo que es su amor.

E interviene por segunda vez la Negra Flor. “¿Pero tú que te has creído, si no vales pa-ná?” “¿Por qué no te largas y me dejas en paz?” Está claro que esta chica no acompaña al adolescente, sino que es un extraño quien está incomodando su paseo.

Y cuando lo has intentado de diferentes maneras sin haber obtenido tu propósito, queda la sinceridad. Queda expresar los sentimientos en un último intento de llamar la atención de la amada. Pero ofuscado en su obstinación se equivoca en su planteamiento. Y accede a valorar lo que a ella le gusta, olvidándose de mostrar lo que él realmente es. Y ahí se pierde irremediablemente. El hecho de que defina su gusto por el aspecto físico de la Negra Flor, por su apariencia formal, nunca impresionará a alguien que a través de dicho aspecto físico sólo busca conseguir dinero. Y el desconcierto le empuja a desaconsejarle la forma de vida que lleva. Y todo porque el amor es ciego, impidiendo ver con los ojos, permitiendo solamente amar con el corazón.

Y llega la intervención definitiva de la Negra Flor. Genial estrofa la que nos lleva a alcanzar el clímax de la canción: “Oye muchacho, / ¿qué tal tu mamá? / ¿Por qué no vas a verla, / que ya debe estar / esperando por ti / y te va a regañar? / Vuélvete a la tienda / y ponte a currar. / Y te buscas una novia / que te quiera escuchar / y te cuelgas de ella / o te tiras al mar”

Qué dolorosa es la incomprensión. Un mundo creado hace millones de años, que ha ido evolucionando constantemente, que ha ido generando el hábitat ideal para que un buen día, un adolescente sienta que todo está concebido para enamorarse de la Negra Flor, se decida a dar el paso e incomprensiblemente todo se derrumbe estrepitosamente. Cómo duele el amor.

A continuación una indiferente y triste despedida.

Y después del final queda la nada. Si acaso un recuerdo, un deseo, que dice: “Qué tu pena fuera sólo por mi culpa, qué mi culpa fuera sólo por amor…”

 






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