Bajo la Vía Láctea

sabado 15 febreiro 2014

En otro tiempo, cuando era más joven y vivía la vida con intensidad y despreocupación, me embarqué en viaje a través de la península. Un viaje hacia el Mediterráneo... hacia ese calor permanente, hacia esas noches cálidas e interminables. Las largas y monótonas carreteras de la meseta castellana empujaron mi atención hacia la música que sonaba en la radio. Tierra castellana, de interminables campos de cereales, de intrascendentes relieves, indiferente paisaje que ensañaba mi pie derecho contra el acelerador, deseoso de engullir kilómetros desesperadamente. Dos CD, no recuerdo de quien, lanzaban canciones a todo volumen de un recopilatorio denominado “las 101 mejores canciones del planeta tierra”. Las horas se sucedían y la música sonaba hasta repetirse una y otra vez, mientras las horas pasaban a la vez que los kilómetros.

Canciones que fueron pegándose en mi memoria hasta que algunas de ellas alcanzaron el estatus de “familiar”. Ciertamente eran brillantes melodías que endulzaban mis oídos al tiempo que el vehículo transportaba mi entusiasmo hacia nuevos horizontes. Sonaba “In the air tonight” de Phil Collins, “Heartbeat City” de The Cars (tal vez mi preferida), “Runaway” de The Corrs (favorita de una de las acompañantes), “Eye in the sky” de Alan Parsons, “Purple rain” de Prince, “Missing” de Everything but the girl, entre otras, quizás las que más me gustaban.

Ahora que lo recuerdo me pondría en marcha mañana mismo, hacia el mismo destino, con la misma compañía, en la misma dirección…

Recientemente escuchaba la radio y sonó una de aquellas canciones. No la cité anteriormente porque desconocía el autor y el título de la misma, pero en realidad aquella canción siempre me había impresionado, si acaso no con el ímpetu de las otras, pero sí con esa melodía latente y melancólica. El locutor, una vez terminada, citó al grupo (no me quedé con el nombre) y el título de la canción (en castellano) “Bajo la vía láctea”.

A veces las luces brillan en la oscuridad. A veces las luces brillan con colores variados. A veces simplemente brilla la luz. Pero cuando una canción tiene por título “bajo la vía láctea”, necesariamente tiene que tener algo especial (algo más que brillo). ¿A quién se le ocurre algo así?

The Church, el nombre del grupo. Australianos para más señas. Anda que no quedan lejos estos. El interés me lleva a leer acerca de su historia en la Wikipedia. Me sorprende gratamente su trayectoria. Ajenos al marketing y al denigrante mundo de las discográficas deseosas de “money”. Tal vez no hayan alcanzado el éxito que la calidad de su música requiere en el universo musical, pero a mi me han dejado desconcertado.

“Under the milky way” es maravillosa. A quién se le ocurre “meditar sobre la falta de amor, bajo la vía láctea, esta noche”.  Sigo escuchando sus acordes sorprendentes e inesperados, esa música que se alarga en la oscuridad. Ese rock progresivo que me mimetiza en un universo por descubrir…

Después aparece “Reptile”, otra canción del album “Starfish”. Eses acordes de guitarra agitan mi determinación hasta elevarla varios metros encima del suelo, mientras miro con los ojos de diamante del reptil… Esta canción estimula de un modo diferente; me hipnotiza.

Y hay ocasiones como ésta que la música me conmueve. Que me pregunto donde me había escondido para no haber reconocido hasta ahora a estos genios musicales. Estoy seguro que a quien lea estas líneas pueda que le resulten indiferentes estos acordes, si realmente destina parte de su tiempo en escuchar a estos virtuosos de la música (a mi parecer). Pero si eres capaz de sentir un cosquilleo que sube desde tus pies a través de las piernas, se alborota entre tu pecho y espalda, y consigue alcanzar tu cabeza con la suficiente nitidez, sabrás valorar su encanto.

Y sin embargo es “Destination” la canción que rompe todos mis conceptos musicales. No alcanzo a valorar su música. Todo se alarga irremediablemente. Y cuando parece que termina, continua misteriosamente. Me fascina y no logro comprender realmente su conmovedora ingerencia en mis gustos musicales. Soy capaz de tararear infinitamente su estribillo y quedarme perplejo, indiferente, si me preguntan el motivo. Su esencia trasciende más allá de mi comprensión. Ahí les queda, juzguen ustedes mismos.

http://youtu.be/nidAGwtYGuA






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